La crítica del método – La tesis de Weber ¿tesis o mito? (III)

Bernard Coster

La relación entre la ética protestante y el espíritu del capitalismo -como la comprendió Weber- inmediatamente después de su publicación provocó una polémica académica que se prolonga hasta nuestro tiempo. Es significativo que, en general, los sociólogos y los teólogos aceptaran la tesis, mientras que los historiadores mantuvieran su distancia crítica(42). Weber defendió su trabajo con virulencia, no avergonzándose de despreciar y humillar a sus oponentes. Este estilo de polémica no es raro en Alemania cuando se trata de temas históricos que tocan la identidad nacional, pero también se explica por el talante de Weber e incluso por su estado de ánimo y su salud psíquica. La polémica entre Weber y los investigadores contemporáneos sobre la tesis amplió el tema. Hechos y relaciones históricas fueron discutidas y verificadas, y nuevas investigaciones complementaron el material, pero al final Weber no pudo evidenciar su tesis y los oponentes no pudieron falsificarla por completo, ni introducir perspectivas totalmente nuevas.

 

También la redacción de la tesis fue causa de muchos malentendidos e interpretaciones incorrectas porque hay una gran discrepancia entre las conclusiones formuladas con cuidado y la argumentación exagerada que intenta excluir otras opciones. Se demuestra una “gran negligencia con respecto a los lectores”, en especial en la enormidad de los detalles en el texto y la ola de notas que inunda al lector y que lo confunde con respecto a la tesis central y su argumentación. Marianne Weber, la mujer del sociólogo, habló de la forma monstruosa de la exposición que empeoró en la segunda edición, cuando “el tumor de las notas” creció aun más(43). En el debate con sus oponentes, Weber fue insensible para con las críticas a la tesis y casi la convirtió en un dogma. En la última etapa de su vida, después de sus estudios amplios sobre la relación entre las religiones mundiales y las economías, confirmó su tesis de que la aportación del ascetismo protestante era necesaria o suficiente para el desarrollo económico de occidente(44). Por otro lado, reconoció que su trabajo de los años 1904-1905 era una Skizze, una exposición provisional, unas “redacciones” y “ensayos” que necesitaban más investigación. No se cansó en minimizar su carácter definitivo. Incluso habló de la “tonta tesis doctrinaria” que la Reforma Protestante hubiese producido el espíritu del capitalismo(45). Ephraim Fischoff, analizando el método de Weber, habla de su “agnosticismo pluralista”, su incapacidad de reconocer ninguna postura o visión como definitiva(46). Los ensayos sobre el método de Weber, necesarios para analizar la obra, tardaron en publicarse hasta el año 1922, dos años después de su muerte(47).

Metodología innovadora

Apesar del reconocimiento amplio que recibieron las teorías metodológicas renovadoras de Weber, el uso que hizo de ellas en “La ética protestante” fue criticado duramente. Según Weber, las ciencias sociales en primer lugar deben interesarse por la estructura real de una situación que se explica por sus condiciones históricas. Y esta estructura real se refiere a personas concretas(48). Weber quiere comprender sus valores y motivos por medio de la endopatía. Es un elemento del método del historicismo del siglo XIX para entender los motivos personales identificándose emocional e intelectualmente con ellos.(49) Weber lo introduce en la sociología para comprender fenómenos históricos complejos. La interpretación sociológica e histórica sobre la base de la endopatía no es una tesis, sino una hipótesis(50) que debe ser probada(51). El otro elemento principal del método es el tipo ideal. Explicaremos ahora este concepto que ya mencionamos antes al pasar. El tipo ideal no es un ideal ni una idea, porque tanto los ideales como las ideas son realidades históricas, mientras que el tipo ideal es una reconstrucción imaginaria. Es una comprensión de una realidad compleja por medio de la integración y armonización, pero también intensificación y radicalización de los elementos esenciales de esta realidad. El tipo ideal siempre es una simplificación, una imagen que no existe en la realidad. Una vez definido, puede servir para investigar la realidad histórica y social al compararse con ella, porque el tipo ideal no es el fin de la investigación, sino un medio, una herramienta, en realidad una hipótesis también(52).

El tipo ideal del protestantismo ascético

El propósito de Weber era investigar el proceso de la racionalización de la cultura occidental y para hacer esto escogió dos fenómenos y la relación entre ellos como objeto de sus estudios, a saber, la ética del protestantismo y el espíritu del capitalismo. La ética protestante, como Weber la describe, es una composición de características coleccionadas sobre un tiempo de 150 años de distintas situaciones políticas y culturales. Parcialmente son datos históricos, parcialmente son interpretaciones del autor. La cuestión de si se basa en Calvino o en los protestantes posteriores para Weber no es relevante, porque el protestantismo que investiga es un protestantismo ideal que sólo existe como hipótesis(53).

 

Ya vimos que el tipo ideal weberiano del protestantismo en realidad consiste en tres tipos de ideales subordinados: la vocación al trabajo, el ascetismo laico y la predestinación. Se unen en él el calvinismo y el puritanismo del siglo XVII, el pietismo luterano, el metodismo y el movimiento bautista, pero también las sectas como el movimiento de los cuáqueros. Como ladrillos de esta construcción encontramos a Lutero, a Calvino, a la figura ficticia del Peregrino de Bunyan, a personajes de la literatura alemana, a la semejanza de Ignacio de Loyola, de Sören Kierkegaard, a la figura opuesta a todo lo que es calvinismo, Maquiavelo, al arminiano Wesley y al calvinista Whitefield, a los pietistas luteranos Spener, Francke y Zinzendorff, al calvinista ortodoxo Gijsbert Voet y al neocalvinista Abraham Kuyper. Todos estos tipos usados por Weber para construir el tipo ideal de la ética protestante ya son más que suficientes para pintar un monstruo y este monstruo, como el máximo común divisor de todos y todo, al final se llama Benjamín Franklin. Y el espíritu capitalista de aquel renegado del puritanismo dice: “Time is money”(54).

Objetividad

Weber exige una investigación estrictamente objetiva, pero varios autores señalan en su definición hipotética e imaginaria, casi voluntariosa y caprichosa de la “Ética Protestante” sus simpatías y, sobre todo, sus antipatías personales muy fuertes. Le cuesta dominar sus sentimientos negativos con respecto a los calvinistas, seres humanos corrompidos por el dogma de la predestinación, muy inferiores a los héroes florentinos de Maquiavelo que “valoraron el amor por la ciudad paternal por encima de la salvación de sus almas”(55). El anticatolicismo de Weber es parte de su identidad alemana protestante y prusiana del siglo XIX. Su sentimiento antiluterano está relacionado con su trasfondo familiar, mientras que su comprensión de la ética protestante, en general, refleja los complejos de su propia personalidad con sus grandes ambiciones y sus frecuentes depresiones que le impidieron realizarlas. Tal vez que él mismo, con su “Arbeitsethos” prusiana (ética de trabajo), sea el tipo ideal vivo de su ética protestante, que en realidad vive como una carga pesada(56). Incluso su mujer y biógrafa duda de su objetividad histórica y habla de “la fantasía histórica de Max”(57).

La predestinación weberiana

Un ejemplo claro de la deformación de la realidad histórica y de la falta de objetividad de Weber es su descripción de la doctrina calvinista de la predestinación. Le dedica más de la mitad de su obra inicial(58). Parece que Weber se distancia de la opinión muy negativa del poeta John Milton (1608-1674) sobre la predestinación, “porque no se trata de la valoración moral del dogma, sino de su posición histórica”(59), no obstante, no puede disimular su repugnancia cuando habla de la “inhumanidad patética” de la doctrina(60). La desconecta de su contexto en la teología reformada, donde es una elaboración del lema de sola la gracia, manteniendo su equilibrio teológico por la relación con la pneumatología y por la doctrina del pacto, convirtiéndola en la “doctrina más característica” del calvinismo. Según Weber, Calvino, con su seguridad de la salvación arraigada en la Biblia, era una excepción porque para “los hombres cotidianos la seguridad de la salvación en el sentido de la posibilidad de reconocer el estado de la gracia tenía [cursiva BC] que elevarse hasta un significado absolutamente extremo”(61). Estos hombres cotidianos, según Weber, estaban condenados a una búsqueda infructuosa. Weber, si bien considera el fatalismo y el determinismo como posibles consecuencias de la doctrina, no las permite. Aparentemente se basa en la literatura protestante, pero es más probable que el fenómeno del determinismo calvinista –conocido como hipercalvinismo– no sirva sus propósitos(62). Weber tampoco considera los efectos morales realmente positivos de la doctrina de la predestinación, como lo son la paciencia y la perseverancia. Sobre la base del uso selectivo del material, sólo puede comprender la doctrina de la predestinación como una dolencia psíquico-religiosa, un trastorno maníacodepresivo que busca su refugio y consuelo en el trabajo sin descanso. Según Helmut Lehmann, la descripción weberiana de la predestinación calvinista puede ser una proyección de sus propias depresiones(63).

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42 Fischoff, ob. cit., pág. 347.

43 Fischhoff, ob. cit., págs. 362-363. Véase los ejemplos en Weber, Prot. Ethik I, ob. cit., págs. 122, 123 y 125.

44 Gorski, ob. cit., pág. 166.

45 Weber, Ethik I, ob. cit., págs. 77 y 189. Weber, “Kritische Bemerkungen”, ob. cit., págs. 28-29. Weber, “Antikritisches”, ob. cit., pág. 149. Felix Rachfahl, “Kalvinismus”, ob. cit., pág. 58. Felix Rachfahl, “Nochmahls Kalvinismus”, ob. cit., págs. 217 y 281. Max Weber, “Die protestantischen Sekten und der Geist des Kapita- lismus”, Max Weber, Ethik I, ob. cit., pág. 347. , “törichten doctrinären These”.

46 Fischoff, ob. cit., pág. 367.

47 La publicación de los “Gesammelte Aufsätze zur Wissenschafftslehre” (Colección completa de los Ensayos sobre la teoría de la Ciencia) tardó hasta el año 1922.

48 Schouls, ob. cit., pág. 21.

49 Schouls, ob. cit., pág. 13.

50 Schouls, ob. cit., pág. 14.

51 Schouls, ob. cit., pág. 15.

52 Schouls, ob. cit., págs. 16 y 19.

53 Schouls, ob. cit., pág. 9. Fischoff, ob. cit., pág. 365.

54 Schouls, ob. cit., pág. 26. Max Weber, Prot. Ethik I, ob. cit., págs. 39-42 y 187.

55 Weber, Prot. Ethik I, ob. cit., págs. 120 y 125. Reinhard Bendix sugiere que las ideas de Weber sobre la predestinación dependen de la descripción de la predicación de la predestinación en Escocia por Henry Thomas Buckle, History of the Civilización in England (London, 1857-1861); Reinhard Bendix, ob. cit., pág. 386. Si esto es así, Weber se ha servido de una realidad que demuestra lo contrario de lo que ha querido demostrar.

56 Hartmut Lehmann, Max Webers “Protestantische Ethik” Beiträge aus der sicht eines Historikers (1996), págs. 15s. Y 41.

57 Lehmann, Max Webers “Protestantische Ethik”, ob. cit., págs. 17 y 63.

58 Weber, Prot. Ethik I, ob. cit., pág. 118.

59 Weber, Prot. Ethik I, ob. cit., pág. 120.

60 Weber, Prot. Ethik I, ob. cit., pág. 122.

61 Weber, Prot. Ethik I, ob. cit., pág. 127; Alltagsmenschen.

62 Weber, Prot. Ethik I, ob. cit., págs. 145 y 211, nota 67. Weber podría haber encontrado suficiente exhortación en contra del fatalismo en la literatura reformada para poder concluir que es una conclusión no deseada, no obstante frecuente.

63 Lehmann, Max Webers, “Protestantische Ethik”, ob. cit., pág. 111.

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